Revista
15 de mayo de 2020

En Misarchie, el "mundo de después" ya existe

Cet entretien fait suite à une première conversation avec Emmanuel Dockès - "Jouir de la liberté, c'est prendre des risques". Explica que las concentraciones de poder molestar a nuestras libertades y describe lo que podría ser un sistema que permita maximizar la capacidad de chacune y de chacun a jouir de la liberté, un sistema que se llama Misarchie.

¿Cómo se ha puesto en marcha una Misarquía - este sistema en el que el poder no se concentrará como en el día de hoy?

Emmanuel Dockès : Il faut d'abord travailler sur les imaginaires. Antes de realizar un mundo mejor, debe ver la idea y la envidia. La construcción de un sistema, ni capitalista ni estático, sino que es más realista y funcional que nunca. Es preciso el objetivo de la ficción Voyage en Misarchie: proponer un posible que demuestre que existe un posible.

En consecuencia, debe aplicarse en las numerosas experiencias que existen hoy en día. Muchas personas viven ya con modelos alternativos. Construir este mundo mejor puede ser una tarea inmensa: basta con participar en lo que nos plazca, en el desarrollo, en la réplica. Por ejemplo, las organizaciones autónomas y las empresas cooperativas aprovechan el poder que tienen las organizaciones clásicas. Las experiencias de democracia participativa son muy variadas, como en Saillans en la Drôme. En Notre-Dame-des-Landes, es un modelo de sociedad radicalmente diferente de la que se construye. Todas estas experiencias prueban que la sociedad que se quiere hacer advenir existe de los minerales y ya.

La diversidad de las universidades militantes son los fermentos de una sociedad alternativa posible y deseable.

Estas iniciativas son una muestra de la expresión de una envidia común?

E.D.: Las experiencias alternativas se enfrentan a la adversidad del sistema capitalista-étatico-productivo y son siempre susceptibles de riesgos de recuperación. Por estas razones, tienden a ser los más comunes de todas las ideas y reglas precisas. Estas identidades militantes pueden producir ciertas intolerancias frente a otros intentos de cambiar el mundo, un poco diferentes. La distancia puede ser muy importante entre los grupos militantes a priori voisins. Por lo tanto, hay que recordar que la sociedad en la que vivimos es una sociedad en la que existen debates, desacuerdos, modos de vida diferentes, conflictos iguales. La diversidad de los universos militantes fuente de los fermentos de una sociedad alternativa posible y deseable, y las diferencias no deben ser objeto de reconocimiento como la expresión común de la cele-ci.

Las experiencias alternativas deben hacer la secesión frente al viejo mundo. 

Es sobre esta pluralidad que se pensó la federación de todas estas iniciativas que buscan cambiar el mundo en la dirección que queremos: para saber, grosso modo, beaucoup plus de démocratie, politique et économique, beaucoup plus d'écologie, beaucoup moins de despotisme et de destruction de la planète, et aussi plus de tolérance et de diversité. 

¿Cómo confiar en las diferentes iniciativas y círculos militantes existentes?

E.D. : Il convient de dessiner un pays dans le pays. Se puede partir de una carta de la Francia, de la Europa, del Mundo, y poner en esta carta un calco. En este caso, sobre este calco, podemos marcar todos los lugares donde los montes alternativos que existen ya. 

Es necesario que todas estas iniciativas se reconozcan entre ellas como los fermentos de una posible alternativa global. Más aún, deben erigirse en un mundo alternativo de minerales y ya existen, haciendo en qué medida la sesión del viejo mundo. Actuando así la coexistencia de dos mundos que se oponen en un mismo espacio, de dos mundos que ya existen. Cela, on peut le faire tout de suite. La alternativa a nuestra sociedad actual es que se desarrolle de forma muy concreta e interesante para el mundo. Et l'on pourra faire grossir l'espace qui est sur le calque. 

¿La sesión debe ser completa? ¿Peut-on vraiment vivre à temps plein dans ce calque ?

E.D.: Hacer la sesión no implica que no haya más vida en el mundo de los bajos. El encuentro de entre nosotros será bien obligado de hacer excursiones, para seguir trabajando, hacer cursos, y también para hablar. El hecho de estar en varios mundos no es imposible, es como una medida de libertad. 

El calco debe ser a la imagen de la sociedad deseada. Debe ser internacional, sin fronteras, hiperdemocrático y ecológico.

Por otra parte, el calibre no debe ser restablecido a un modo de vida particular, sino que debe ser absolutamente diversificado, para que el más grande de los nombres pueda ser reconocido. Todos los habitantes de la cala no hicieron sus cursos en un supermercado cooperativo de productos locales en vrac. En un primer tiempo, todos los habitantes del calibre no trabajaban en una empresa autónoma que producía productos duraderos. 

¿Cómo definir los criterios para integrar este calibre?

E.D. : Para estar en el calco, no basta con un poco de lavado verde o de lavado social. Por ejemplo, una empresa capitalista tradicional, en la que el poder y los beneficios se reparten entre los accionistas, no puede tener jamaís y tener su lugar según yo, pero se trata de una empresa de reciclaje bien intencionada. Idem para una industria contaminante de productos vegetales, cuando sea bien recibida, con trabajadores todos integrados en las gestiones participativas.

Un cierto nombre de reglas comunes, que son la definición misma del calco, deben ser colocadas. Pero atención, no se trata de constituir el equivalente de un nuevo Estado, de hacer un conflicto, y aún menos de un nuevo partido político, ni de designar al presidente o al portador del calibre. El calco debe estar a la imagen de la sociedad deseada. Debe ser internacional, sin fronteras, hiperdemocrático y ecológico. 

Este calibre se pasará de presidente y no será un político... ¿se pasará también de urna para imponerse?

E.D.: Si un día el calco es suficiente por completo, si la lucha contra la sociedad que lo constituye es suficientemente fuerte, también se podrá pensar en cambiar el mundo de abajo, el mundo actual, capitalista, autoritario, estático y productivo, de hacer en qué sentido una revolución. Pero cambiar el sistema actual no es una elección fácil. 

Si queremos cambiar de sistema, debemos hacerlo con una organización que copie la organización social que queremos.

Para rechazar una tregua, todos los medios son buenos: construir un conflicto entre socios, organizar la lucha, los grupos, los movimientos sociales... Y pienso que en el momento de la crisis, también el usuario de las elecciones y de la legitimidad democrática. El paso a un mundo mejor debe ser no violento o poco violento, no se puede hacer en contra de una batalla dirigida contra la policía o el ejército. En un escenario, donde las milicias poderosas y disciplinadas están a favor del poder, se organizaron a su manera, en un modo militar, lo que es exactamente lo contrario de la sociedad que nos destruye. Renversar el mundo actualmente debe hacerse sin guerra, y supone que todas las lecciones sociales y construcciones de los nuevos mundos ayuden a una víctima a las elecciones democráticas. 

No creo que un partido político pueda tener la ambición de cambiar el sistema actual por la voz de las urdimbres. Hoy en día, los partidos políticos están estructurados a la manera del poder del Estado que se quiere conquistar. En Francia, es una caricatura: todos los partidos se organizan como en las historias presidenciales. Et du coup, le pli est pris. La víctima de un partido que copia las rutas del poder no fue capaz de perforar los mecanismos. Se han evitado las diferencias entre los partidos políticos. Pero no se puede esperar que se produzca un cambio radical de dirección, en el que se supere al capitalismo y al Estado. 

Si queremos cambiar de sistema, debemos hacerlo con una organización que copie la organización social que queremos. Esta organización no puede ser un partido político. Debe parecerse al calco, al país en el que tenemos millones de dólares. 

El derecho puede ser movilizado para tender hacia este nuevo sistema? 

E.D.: El derecho actual no es el útil sobre el que se debe contar para aplicar un sistema de control: es este sistema. Se tiene que medir. Se puede hacer más fácil de recordar que no se puede utilizar las reglas existentes. Esta es una de las fragilidades de las utopías creadas en el siglo XIX, que han atraído a los sistemas normativos en los que se han inscrito hasta el punto de convertirse en plutón banales. El sistema capitalista es muy poderoso en su capacidad de asimilación. Construir una sociedad alternativa supone construir un sistema jurídico alternativo. 

Por lo tanto, es inevitable, simultáneamente, inscribirse en el sistema jurídico actual para funcionar. Se trata de un lugar, una tierra, una cuenta en un banco, etc. Para resolverlo, existen varias tácticas. Por ejemplo, podemos poner y respetar un modo de funcionamiento escrito en un cuaderno, y no podemos respetar los estatutos de la asociación que se ha depositado en la prefectura. El sistema jurídico ofrece también algunas zonas de libertad que pueden ser movilizadas para construir organizaciones alternativas, a la imagen de la sociedad anónima simplificada. Pensado para los más grandes adeptos del capitalismo, este estatuto es tan creíble que no puede ser utilizado para hacer nada de eso, y comprende la construcción de organizaciones en las que las reglas internas sean realmente equitativas, libres y democráticas. Se pueden deslumbrar con los montes alternos en estas ciudades de la vida jurídica.

Es necesario recordar que el derecho actual es el fruto de ideas y de pensamientos totalmente opuestos: no se encuentra solamente la defensa del autoritarismo estático y del capitalismo. También encontramos expresiones de la libertad y la igualdad y las reglas que las protegen aún más. Es posible que se pueda disfrutar de esta complejidad y de estas contradicciones en favor del mundo que nos rodea - para luchar contra el rigor moral de France Télécom, combatir ciertas contaminaciones, hacer un proceso de inacción ante el cambio climático, obtener la reintegración de un representante del personal licenciado, etc. Ciertas decisiones de justicia pueden ser incluso extraordinarias, como la relajación en primera instancia de Fanny Delahalle y Pierre Goinvic, jueces para tener un retrato de Emmanuel Macron en Lyon en febrero de 2019 (fue condenado en apelación). Pero no se ha producido una revolución en la aplicación del derecho actual, que estructura y refuerza el sistema en vigor, ni en las jarras que son generalmente muy conservadoras. 

También se debe tener en cuenta que para toda organización, los estatutos de salida bien intencionados no garantizan jamón contra las derivas. En todos los casos se trata de cooperativas y mutuas que se han convertido en monjes capitalistas como los demás. El sistema capitalista ejerce actualmente una fuerza de atracción tal que una organización verdaderamente democrática debe interrogarse regularmente sobre su funcionamiento, para evitar la esclerosis o la reaparición de estructuras piramidales, y esto en los cuadros jurídicos que se hacen para evitarlas. 


(1) A ce sujet : Las comunidades utópicas son siempre condenadas a disparar...

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Professeur agrégé de droit, spécialiste du droit du travail, Emmanuel Dockès enseigne à l'université Paris Ouest Nanterre. Se publicará en 2017 Voyage en Misarchie, Essai pour tout reconstruire : une réflexion précise et réaliste pour une société plus libre, plus égalitaire, mais aussi plus épanouie.

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Sobre el mismo tema:

> "Jouir de la liberté, c'est prendre des risques"

> "Une autre démocratie est possible !"

En Misarchie, el "mundo de después" ya existe

por 
Mathieu Grandperrin
Revista
14 de mayo de 2020
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ENTRETIEN avec Emmanuel Dockès. Dans son essai Voyage en Misarchie, Emmanuel Dockès nous emmène dans un pays où les pouvoirs et les dominations sont minimisés, où les femmes et les hommes sont réellement libres et égaux. Comment basculer dans cette société ? Comment construire ce “monde d’après”... à moins qu’il n’existe déjà ?

Cet entretien fait suite à une première conversation avec Emmanuel Dockès - “Jouir de la liberté, c’est prendre des risques”. Il y explique en quoi les concentrations de pouvoir nuisent à nos libertés et décrit ce que pourrait être un système permettant de maximiser la capacité de chacune et de chacun à jouir de la liberté, un système qu’il appelle Misarchie.

Comment met-on en place une Misarchie - ce système où le pouvoir ne serait pas concentré comme il l’est aujourd’hui ?

Emmanuel Dockès : Il faut d’abord travailler sur les imaginaires. Avant de réaliser un monde meilleur, il faut en voir l’idée et l’envie. La construction d’un système ni capitaliste ni étatique mais néanmoins réaliste et fonctionnel n’a rien d’évident. C’est précisément l’objectif de la fiction Voyage en Misarchie : proposer un possible qui démontre qu’il existe des possibles.

Ensuite, il faut prendre appui sur les très nombreuses expérimentations qui existent aujourd’hui. De nombreuses personnes vivent déjà des modèles alternatifs. Construire ce monde meilleur peut être fait immédiatement : il suffit de participer à ce qui nous plaît, de le développer, de le répliquer. Par exemple, les organisations autogérées et les entreprises coopératives partagent davantage le pouvoir que dans des organisations classiques. Des expérimentations de démocratie participative fleurissent ici et là, comme à Saillans dans la Drôme. A Notre-Dame-des-Landes, c’est un modèle de société radicalement différent de la nôtre qui se construit. Toutes ces expériences prouvent que la société que l’on souhaite faire advenir existe d’ores et déjà.

La diversité des univers militants font d’eux les ferments d'une société alternative possible et désirable.

Ces initiatives sont-elles vraiment l’expression d’une envie commune ?

E.D. : Les expériences alternatives font face à l’adversité du système capitaliste-étatique-productiviste et sont toujours soumises à des risques de récupération. Pour ces raisons, elles ont tendance à se serrer les coudes autour de quelques idées et règles précises. Ces identités militantes peuvent produire certaines intolérances vis-à-vis d’autres tentatives de changer le monde, un peu différentes. La défiance peut être très importante entre des groupes militants a priori voisins. Il convient donc de rappeler que la société dans laquelle nous voulons vivre est une société dans laquelle il existe des débats, des désaccords, des modes de vie différents, des conflits même. La diversité des univers militants font d’eux les ferments d'une société alternative possible et désirable et quelques différences ne doivent pas empêcher de se reconnaître comme l’expression commune de celle-ci.

Les expériences alternatives doivent faire sécession vis-à-vis du vieux monde. 

C’est sur cette pluralité qu’il faut penser la fédération de toutes ces initiatives qui cherchent à changer le monde dans la direction qui nous plait : à savoir, grosso modo, beaucoup plus de démocratie, politique et économique, beaucoup plus d’écologie, beaucoup moins de despotisme et de destruction de la planète, et aussi plus de tolérance et de diversité. 

Comment relie-t-on les différentes initiatives et cercles militants existants ?

E.D. : Il convient de dessiner un pays dans le pays. On peut partir d’une carte de la France, de l’Europe, du Monde, et poser sur cette carte un calque. Ensuite, sur ce calque, on peut marquer tous les lieux où les mondes alternatifs qui existent déjà. 

Il convient ensuite que toutes ces initiatives éparses se reconnaissent entre elles comme les ferments d’une possible alternative globale. Mieux, elles doivent s’ériger en monde alternatif d’ores et déjà existant, faire en quelque sorte sécession du vieux monde. On actera ainsi la coexistence de deux mondes que tout oppose dans un même espace, de deux mondes qui existent déjà. Cela, on peut le faire tout de suite. L’alternative à notre société actuelle en deviendrait dès lors très concrète et intéressera davantage de monde. Et l’on pourra faire grossir l’espace qui est sur le calque. 

La sécession doit-elle être complète ? Peut-on vraiment vivre à temps plein dans ce calque ?

E.D. : Faire sécession n’implique pas forcément de ne plus du tout vivre dans « le monde du bas ». Beaucoup d’entre nous seront bien obligés d’y faire des excursions, pour continuer à y travailler, à y faire des courses, et aussi pour y lutter. L’appartenance à plusieurs monde n’a rien d’impossible, c’est même un gage de liberté. 

Le calque doit être à l’image de la société désirée. Il doit être international, sans frontières, hyper démocratique et, écologique.

Surtout, le calque ne doit pas être réservé à un mode de vie particulier, il faut absolument qu'il y ait dès le départ un public assez diversifié, pour que le plus grand nombre puisse s’y reconnaître. Tous les habitants du calque ne feront pas leurs courses dans un supermarché coopératif de produits locaux en vrac. Dans un premier temps, tous les habitants du calque ne travailleront pas dans une entreprise autogérée produisant des produits durables. 

Comment définir les critères pour intégrer ce calque ?

E.D. : Pour être sur le calque, il ne suffit évidemment pas d’un peu de green washing ou de social washing. Par exemple, une entreprise capitaliste traditionnelle, où le pouvoir et les profits sont répartis entre les détenteurs de capitaux, ne pourra jamais y avoir sa place selon moi, même s’il s’agit d’une entreprise de recyclage bien intentionnée. Idem pour une industrie polluante de produits jetables, quand bien même elle serait autogérée, avec des travailleurs tous intégrés dans des démarches participatives.

Un certain nombre de règles communes, qui sont la définition même du calque, devront donc être posées. Mais attention, il ne s’agit pas de constituer l’équivalent d’un nouvel État, fût-il un contre-État, et encore moins d’un nouveau parti politique, ni de désigner le président ou le porte-parole du calque. Le calque doit être à l’image de la société désirée. Il doit être international, sans frontières, hyper démocratique et écologique. 

Ce calque se passerait de président et il ne serait pas un parti politique… se passera-t-il aussi des urnes pour s’imposer ?

E.D. : Si un jour le calque est suffisamment plein, si la contre-société qu’il constitue est suffisamment forte, alors il sera envisageable de renverser le monde d’en bas, le monde actuel, capitaliste, autoritaire, étatiste et productiviste, de faire en quelque sorte une révolution. Mais renverser le système actuel n’est pas une chose facile. 

Si nous voulons changer de système, il convient de le faire avec une organisation qui copie l’organisation sociale que nous désirons.

Pour réussir une telle rupture, tous les moyens sont bons : construire des contre-sociétés, organiser des luttes, des grèves, des mouvements sociaux… Et je pense qu’au moment de la bascule, il faudra aussi user des élections et de la légitimité démocratique. Le passage à un monde meilleur devra être non violent ou peu violent, il ne pourra pas se faire en remportant une bataille rangée contre la police ou l’armée. Dans un tel scénario, sitôt que les milices puissantes et disciplinées auront pris le pouvoir, elles l’organiseront à leur manière, sur un mode militaire, ce qui est exactement l’inverse de la société que nous désirons. Renverser le monde actuel doit se faire sans guerre, et cela suppose qu’à toutes les luttes sociales et constructions de mondes nouveaux s’ajoute une victoire aux élections démocratiques. 

Je ne crois pas qu’un parti politique pourrait porter cette ambition de changer le système actuel par la voie des urnes. Aujourd’hui, les partis politiques sont structurés à la manière du pouvoir d’État qu’ils souhaitent conquérir. En France, c’est assez caricatural : tous les partis sont organisés comme des écuries présidentielles. Et du coup, le pli est pris. La victoire d’un parti qui copie les rouages du pouvoir ne fera qu’en perpétuer les mécanismes. Il y a évidemment des différences entre partis politiques. Mais aucun ne peut ne serait-ce que préconiser un changement radical de direction, où seraient supprimés à la fois le capitalisme et l’État. 

Si nous voulons changer de système, il convient de le faire avec une organisation qui copie l’organisation sociale que nous désirons. Cette organisation ne peut donc pas être un parti politique. Elle doit plutôt ressembler au calque, au pays dans le pays dont nous parlions précédemment. 

Le droit peut-il être mobilisé pour tendre vers ce nouveau système ? 

E.D. : Le droit actuel n'est pas l'outil sur lequel il faut compter pour faire apparaître un contre système : il est ce système. Il faut s’en méfier. On peut se faire récupérer plus vite que l'on ne croit en utilisant les règles existantes. Ce fut l’une des fragilités des utopies concrètes du 19ème siècle, qui ont subi l'attraction des systèmes normatifs dans lesquels elles s'inscrivaient au point de devenir plutôt banales. Le système capitaliste est très puissant dans sa capacité d’assimilation. Construire une société alternative suppose de construire un système juridique alternatif. 

Pour autant, il est inévitable, simultanément, de s’inscrire dans le système juridique actuel pour fonctionner. Il faut des locaux, des terres, un compte en banque, etc. Pour s’en sortir, plusieurs tactiques existent. On peut, par exemple, poser et respecter un mode de fonctionnement écrit dans un carnet, et ne jamais respecter les statuts de l’association que l’on a déposés en préfecture. Le système juridique offre aussi quelques zones de liberté qui peuvent être mobilisées pour construire des organisations alternatives, à l’image de la société anonyme simplifiée. Pensé pour les plus grands adeptes du capitalisme, ce statut est tellement creux qu’il peut être utilisé pour faire n’importe quoi, y compris pour construire des organisations dont les règles internes sont réellement égalitaires, libres et démocratiques. On peut glisser des mondes alternatifs dans ces coquilles vides juridiques.

Il faut enfin rappeler que le droit actuel est le fruit d'idéaux et de pensées diamétralement opposés : on n’y trouve pas seulement la défense de l’autoritarisme étatique et du capitalisme. On y trouve aussi des expressions de la liberté et de l'égalité et des règles qui les protègent encore. Il est parfaitement possible de jouer de cette complexité et de ces contradictions en faveur du monde que l’on désire - pour lutter contre le harcèlement moral à France Télécom, combattre certaines pollutions, faire un procès pour inaction face au changement climatique, obtenir la réintégration d’un représentant du personnel licencié, etc. Certaines décisions de justice peuvent même être extraordinaires, comme la relaxe en première instance de Fanny Delahalle et Pierre Goinvic, jugés pour avoir décroché et volé un portrait d'Emmanuel Macron à Lyon en février 2019 (ils ont  finalement été condamnés en appel). Mais évidemment, on ne fera pas la révolution en s’appuyant sur le droit actuel, qui structure et renforce le système en place, ni sur les juges qui sont généralement très conservateurs. 

Il faut aussi garder en mémoire que pour toute organisation, des statuts de départ bien intentionnés ne garantissent jamais contre les dérives. On a tous en tête des coopératives et mutuelles qui sont devenus des monstres capitalistes comme les autres.  Le système capitaliste actuel exerce une force d’attraction telle qu’une organisation véritablement démocratique doit régulièrement s’interroger sur son fonctionnement, pour éviter la sclérose ou la réapparition de structures pyramidales, y compris dans des cadres juridiques qui étaient faits pour les éviter. 


(1) A ce sujet : Les communautés utopiques sont-elles toujours condamnées à disparaître ?

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Professeur agrégé de droit, spécialiste du droit du travail, Emmanuel Dockès enseigne à l'université Paris Ouest Nanterre. Il publie en 2017 Voyage en Misarchie, Essai pour tout reconstruire : une réflexion précise et réaliste pour une société plus libre, plus égalitaire, mais aussi plus épanouie.

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> "Jouir de la liberté, c'est prendre des risques"

> "Une autre démocratie est possible !"

by 
Mathieu Grandperrin
Magazine
May 14, 2020

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by
Mathieu Grandperrin
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ENTRETIEN avec Emmanuel Dockès. Dans son essai Voyage en Misarchie, Emmanuel Dockès nous emmène dans un pays où les pouvoirs et les dominations sont minimisés, où les femmes et les hommes sont réellement libres et égaux. Comment basculer dans cette société ? Comment construire ce “monde d’après”... à moins qu’il n’existe déjà ?

Cet entretien fait suite à une première conversation avec Emmanuel Dockès - “Jouir de la liberté, c’est prendre des risques”. Il y explique en quoi les concentrations de pouvoir nuisent à nos libertés et décrit ce que pourrait être un système permettant de maximiser la capacité de chacune et de chacun à jouir de la liberté, un système qu’il appelle Misarchie.

Comment met-on en place une Misarchie - ce système où le pouvoir ne serait pas concentré comme il l’est aujourd’hui ?

Emmanuel Dockès : Il faut d’abord travailler sur les imaginaires. Avant de réaliser un monde meilleur, il faut en voir l’idée et l’envie. La construction d’un système ni capitaliste ni étatique mais néanmoins réaliste et fonctionnel n’a rien d’évident. C’est précisément l’objectif de la fiction Voyage en Misarchie : proposer un possible qui démontre qu’il existe des possibles.

Ensuite, il faut prendre appui sur les très nombreuses expérimentations qui existent aujourd’hui. De nombreuses personnes vivent déjà des modèles alternatifs. Construire ce monde meilleur peut être fait immédiatement : il suffit de participer à ce qui nous plaît, de le développer, de le répliquer. Par exemple, les organisations autogérées et les entreprises coopératives partagent davantage le pouvoir que dans des organisations classiques. Des expérimentations de démocratie participative fleurissent ici et là, comme à Saillans dans la Drôme. A Notre-Dame-des-Landes, c’est un modèle de société radicalement différent de la nôtre qui se construit. Toutes ces expériences prouvent que la société que l’on souhaite faire advenir existe d’ores et déjà.

La diversité des univers militants font d’eux les ferments d'une société alternative possible et désirable.

Ces initiatives sont-elles vraiment l’expression d’une envie commune ?

E.D. : Les expériences alternatives font face à l’adversité du système capitaliste-étatique-productiviste et sont toujours soumises à des risques de récupération. Pour ces raisons, elles ont tendance à se serrer les coudes autour de quelques idées et règles précises. Ces identités militantes peuvent produire certaines intolérances vis-à-vis d’autres tentatives de changer le monde, un peu différentes. La défiance peut être très importante entre des groupes militants a priori voisins. Il convient donc de rappeler que la société dans laquelle nous voulons vivre est une société dans laquelle il existe des débats, des désaccords, des modes de vie différents, des conflits même. La diversité des univers militants font d’eux les ferments d'une société alternative possible et désirable et quelques différences ne doivent pas empêcher de se reconnaître comme l’expression commune de celle-ci.

Les expériences alternatives doivent faire sécession vis-à-vis du vieux monde. 

C’est sur cette pluralité qu’il faut penser la fédération de toutes ces initiatives qui cherchent à changer le monde dans la direction qui nous plait : à savoir, grosso modo, beaucoup plus de démocratie, politique et économique, beaucoup plus d’écologie, beaucoup moins de despotisme et de destruction de la planète, et aussi plus de tolérance et de diversité. 

Comment relie-t-on les différentes initiatives et cercles militants existants ?

E.D. : Il convient de dessiner un pays dans le pays. On peut partir d’une carte de la France, de l’Europe, du Monde, et poser sur cette carte un calque. Ensuite, sur ce calque, on peut marquer tous les lieux où les mondes alternatifs qui existent déjà. 

Il convient ensuite que toutes ces initiatives éparses se reconnaissent entre elles comme les ferments d’une possible alternative globale. Mieux, elles doivent s’ériger en monde alternatif d’ores et déjà existant, faire en quelque sorte sécession du vieux monde. On actera ainsi la coexistence de deux mondes que tout oppose dans un même espace, de deux mondes qui existent déjà. Cela, on peut le faire tout de suite. L’alternative à notre société actuelle en deviendrait dès lors très concrète et intéressera davantage de monde. Et l’on pourra faire grossir l’espace qui est sur le calque. 

La sécession doit-elle être complète ? Peut-on vraiment vivre à temps plein dans ce calque ?

E.D. : Faire sécession n’implique pas forcément de ne plus du tout vivre dans « le monde du bas ». Beaucoup d’entre nous seront bien obligés d’y faire des excursions, pour continuer à y travailler, à y faire des courses, et aussi pour y lutter. L’appartenance à plusieurs monde n’a rien d’impossible, c’est même un gage de liberté. 

Le calque doit être à l’image de la société désirée. Il doit être international, sans frontières, hyper démocratique et, écologique.

Surtout, le calque ne doit pas être réservé à un mode de vie particulier, il faut absolument qu'il y ait dès le départ un public assez diversifié, pour que le plus grand nombre puisse s’y reconnaître. Tous les habitants du calque ne feront pas leurs courses dans un supermarché coopératif de produits locaux en vrac. Dans un premier temps, tous les habitants du calque ne travailleront pas dans une entreprise autogérée produisant des produits durables. 

Comment définir les critères pour intégrer ce calque ?

E.D. : Pour être sur le calque, il ne suffit évidemment pas d’un peu de green washing ou de social washing. Par exemple, une entreprise capitaliste traditionnelle, où le pouvoir et les profits sont répartis entre les détenteurs de capitaux, ne pourra jamais y avoir sa place selon moi, même s’il s’agit d’une entreprise de recyclage bien intentionnée. Idem pour une industrie polluante de produits jetables, quand bien même elle serait autogérée, avec des travailleurs tous intégrés dans des démarches participatives.

Un certain nombre de règles communes, qui sont la définition même du calque, devront donc être posées. Mais attention, il ne s’agit pas de constituer l’équivalent d’un nouvel État, fût-il un contre-État, et encore moins d’un nouveau parti politique, ni de désigner le président ou le porte-parole du calque. Le calque doit être à l’image de la société désirée. Il doit être international, sans frontières, hyper démocratique et écologique. 

Ce calque se passerait de président et il ne serait pas un parti politique… se passera-t-il aussi des urnes pour s’imposer ?

E.D. : Si un jour le calque est suffisamment plein, si la contre-société qu’il constitue est suffisamment forte, alors il sera envisageable de renverser le monde d’en bas, le monde actuel, capitaliste, autoritaire, étatiste et productiviste, de faire en quelque sorte une révolution. Mais renverser le système actuel n’est pas une chose facile. 

Si nous voulons changer de système, il convient de le faire avec une organisation qui copie l’organisation sociale que nous désirons.

Pour réussir une telle rupture, tous les moyens sont bons : construire des contre-sociétés, organiser des luttes, des grèves, des mouvements sociaux… Et je pense qu’au moment de la bascule, il faudra aussi user des élections et de la légitimité démocratique. Le passage à un monde meilleur devra être non violent ou peu violent, il ne pourra pas se faire en remportant une bataille rangée contre la police ou l’armée. Dans un tel scénario, sitôt que les milices puissantes et disciplinées auront pris le pouvoir, elles l’organiseront à leur manière, sur un mode militaire, ce qui est exactement l’inverse de la société que nous désirons. Renverser le monde actuel doit se faire sans guerre, et cela suppose qu’à toutes les luttes sociales et constructions de mondes nouveaux s’ajoute une victoire aux élections démocratiques. 

Je ne crois pas qu’un parti politique pourrait porter cette ambition de changer le système actuel par la voie des urnes. Aujourd’hui, les partis politiques sont structurés à la manière du pouvoir d’État qu’ils souhaitent conquérir. En France, c’est assez caricatural : tous les partis sont organisés comme des écuries présidentielles. Et du coup, le pli est pris. La victoire d’un parti qui copie les rouages du pouvoir ne fera qu’en perpétuer les mécanismes. Il y a évidemment des différences entre partis politiques. Mais aucun ne peut ne serait-ce que préconiser un changement radical de direction, où seraient supprimés à la fois le capitalisme et l’État. 

Si nous voulons changer de système, il convient de le faire avec une organisation qui copie l’organisation sociale que nous désirons. Cette organisation ne peut donc pas être un parti politique. Elle doit plutôt ressembler au calque, au pays dans le pays dont nous parlions précédemment. 

Le droit peut-il être mobilisé pour tendre vers ce nouveau système ? 

E.D. : Le droit actuel n'est pas l'outil sur lequel il faut compter pour faire apparaître un contre système : il est ce système. Il faut s’en méfier. On peut se faire récupérer plus vite que l'on ne croit en utilisant les règles existantes. Ce fut l’une des fragilités des utopies concrètes du 19ème siècle, qui ont subi l'attraction des systèmes normatifs dans lesquels elles s'inscrivaient au point de devenir plutôt banales. Le système capitaliste est très puissant dans sa capacité d’assimilation. Construire une société alternative suppose de construire un système juridique alternatif. 

Pour autant, il est inévitable, simultanément, de s’inscrire dans le système juridique actuel pour fonctionner. Il faut des locaux, des terres, un compte en banque, etc. Pour s’en sortir, plusieurs tactiques existent. On peut, par exemple, poser et respecter un mode de fonctionnement écrit dans un carnet, et ne jamais respecter les statuts de l’association que l’on a déposés en préfecture. Le système juridique offre aussi quelques zones de liberté qui peuvent être mobilisées pour construire des organisations alternatives, à l’image de la société anonyme simplifiée. Pensé pour les plus grands adeptes du capitalisme, ce statut est tellement creux qu’il peut être utilisé pour faire n’importe quoi, y compris pour construire des organisations dont les règles internes sont réellement égalitaires, libres et démocratiques. On peut glisser des mondes alternatifs dans ces coquilles vides juridiques.

Il faut enfin rappeler que le droit actuel est le fruit d'idéaux et de pensées diamétralement opposés : on n’y trouve pas seulement la défense de l’autoritarisme étatique et du capitalisme. On y trouve aussi des expressions de la liberté et de l'égalité et des règles qui les protègent encore. Il est parfaitement possible de jouer de cette complexité et de ces contradictions en faveur du monde que l’on désire - pour lutter contre le harcèlement moral à France Télécom, combattre certaines pollutions, faire un procès pour inaction face au changement climatique, obtenir la réintégration d’un représentant du personnel licencié, etc. Certaines décisions de justice peuvent même être extraordinaires, comme la relaxe en première instance de Fanny Delahalle et Pierre Goinvic, jugés pour avoir décroché et volé un portrait d'Emmanuel Macron à Lyon en février 2019 (ils ont  finalement été condamnés en appel). Mais évidemment, on ne fera pas la révolution en s’appuyant sur le droit actuel, qui structure et renforce le système en place, ni sur les juges qui sont généralement très conservateurs. 

Il faut aussi garder en mémoire que pour toute organisation, des statuts de départ bien intentionnés ne garantissent jamais contre les dérives. On a tous en tête des coopératives et mutuelles qui sont devenus des monstres capitalistes comme les autres.  Le système capitaliste actuel exerce une force d’attraction telle qu’une organisation véritablement démocratique doit régulièrement s’interroger sur son fonctionnement, pour éviter la sclérose ou la réapparition de structures pyramidales, y compris dans des cadres juridiques qui étaient faits pour les éviter. 


(1) A ce sujet : Les communautés utopiques sont-elles toujours condamnées à disparaître ?

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Professeur agrégé de droit, spécialiste du droit du travail, Emmanuel Dockès enseigne à l'université Paris Ouest Nanterre. Il publie en 2017 Voyage en Misarchie, Essai pour tout reconstruire : une réflexion précise et réaliste pour une société plus libre, plus égalitaire, mais aussi plus épanouie.

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Mathieu Grandperrin
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